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El Octavo Factor: Concentración Correcta

Adaptado de una charla de Gil Fronsdal dictada el 1° de abril del 2000

Así como un timón puede mantener un barco estable en su curso, la concentración ofrece estabilidad y firmeza a la práctica de la atención plena. De hecho, la concentración es tan importante en la práctica budista que a menudo se considera equiparable a la atención plena. Sin la fuerza estabilizadora de la concentración, no podemos sostener la atención consciente sobre las cosas que son más importantes para nosotros, incluyendo la meditación. Es más fácil preocuparse que estar atentos.

Para desarrollar la concentración, es de ayuda entender su valor y apreciar que es realmente útil  enfocarse conscientemente en algo como nuestra respiración. Para alguien no familiarizado con la práctica de la concentración, puede parecer ilógico y contra intuitivo concentrarse en algo desconectado de nuestros principales asuntos. Pero permanecer veinte o treinta minutos poniendo atención a la respiración da a la mayoría de las personas una apreciación tangible del poder de la concentración.

Una mente sin concentración se distrae y fácilmente se pierde en preocupaciones. La mente puede estar tan “distraída por las distracciones que ni siquiera sabe que está distraída”, tan encerrada alrededor de las preocupaciones que es difícil ver más allá del encierro.

Los asuntos de nuestra vida nos pueden preocupar muy poderosamente, tanto que a menudo no nos damos cuenta de que podríamos tener alguna opción acerca de las maneras cómo los entendemos y nos relacionamos con ellos. Algunas veces asumimos que sólo seremos capaces de resolver el problema si tenemos una correcta comprensión del mismo. Creemos que la única manera de relacionarse con nuestros pensamientos y asuntos está en ese mismo mundo de nuestros pensamientos y asuntos.

Es como si estuviéramos en medio de un laberinto en el que las paredes son tan sólo un poco más altas que nuestras cejas. Damos vueltas en busca de la salida, chocando contra las paredes, llegando a callejones sin salida. Nuestras emociones oscilan entre la esperanza y el desaliento,  la confianza y el miedo infundados. Atrapados en el laberinto, parece tan importante salir y, a la vez, tan difícil. Pero si simplemente nos empinamos y miramos por encima de las paredes, desde un punto de vista más alto, veríamos fácilmente la salida.

Nuestro mundo de pensamientos y asuntos puede ser como un laberinto, no nos damos cuenta de que todo lo que tenemos que hacer es “empinarnos” para alcanzar una visión más amplia. Desde una perspectiva más alta, nuestros problemas pueden verse muy diferentes. Puede que no seamos capaces de cambiar el problema como tal, pero a través de la atención plena apoyada en la concentración podemos ser capaces de variar nuestra perspectiva y cambiar radicalmente la forma en que nos relacionamos con la situación.

La concentración trae calma, lo cual puede abrir nuevas posibilidades de relacionarnos con nuestros asuntos. La mayoría de nosotros sabe que una mente en calma nos permite ver y pensar con más claridad. Pero también nos puede ayudar a comprender nuestros asuntos de una forma completamente nueva. Nos permite dar un paso fuera del contexto del laberinto de los asuntos en sí mismos. Problemas tales como las relaciones interpersonales, el trabajo, la salud y la propia identidad se pueden ver a través de nuestra integridad y valores más profundos  y no de los  miedos, deseos y valores populares y superficiales.

En un sentido más profundo, la perspectiva amplia de la conciencia tranquila puede mostrarnos que tener problemas puede ser completamente aceptable. Nos damos cuenta de que la habilidad de ser totales e íntegros no se ve comprometida por el problema. De hecho, nuestra totalidad realmente lo incluye. Esto no significa que nos volvamos complacientes, sino que nuestros intentos de solucionar nuestros problemas no necesitan estar coloreados por un sentimiento de preocupación, insuficiencia o necesidad.

Cuando estamos atrapados por un problema, una gran cantidad de energía se puede perder en nuestra preocupación. Con la práctica de la concentración, conscientemente ponemos nuestra energía en mantenernos presentes y despiertos en algo íntegro.

Un enfoque clásico para el desarrollo de la concentración es la respiración. Cuando permanecemos con la respiración y retornamos a ella cuando la mente divaga, fortalecemos nuestra concentración y debilitamos la preocupación. Con el tiempo, la mente encuentra descanso, apertura y calma.

Para cultivar la concentración en la respiración, puede ser útil explorar diversas formas de prestarle atención. Usted puede tratar de mantener su atención en la respiración o flotar sobre las sensaciones de la respiración. Trate de interesarse en cada respiración como si fuera la primera o la última. Vea si usted puede disfrutar de la calidad sensual de la respiración. Déjese absorber por el proceso de respiración. Sienta devoción y amor por su respiración. Distinga cuando una suave y compasiva aceptación favorece el desarrollo de la concentración y cuando una mayor firmeza de propósito es lo más apropiado. A medida que su capacidad para mantener la atención en la respiración se fortalece, las fuerzas de la preocupación se debilitarán y probablemente se encontrará más tranquilo, más ligero y más abierto.

Cuando la mente se vuelve más amplia y abierta, es posible experimentar dificultades sin sentir que ellas nos pertenezcan. Por ejemplo, al ver el dolor físico como “mi” dolor tiende a desencadenar sentimientos e ideas asociadas con nuestro auto concepto; verlo simplemente como dolor puede hacerlo más fácil de soportar. Lo mismo sucede con las emociones fuertes: si no estamos preocupados con interpretaciones de lo que la emoción dice acerca de nuestra identidad, nuestras vidas emocionales se vuelven más fáciles.

La función más importante de la concentración en la práctica de la atención plena es ayudar a mantener nuestra atención constante y estable en el presente para que podamos ver claramente lo que está ocurriendo en realidad. Nuestra experiencia directa del presente es la puerta a las más profundas revelaciones y al despertar. La concentración nos mantiene en el presente para que la atención plena puede hacer su trabajo.

 

Traducción al español: grupo de estudio La Rueda del Dharma, Fundación Zen Montaña de Silencio.

El Sexto Factor: Esfuerzo Correcto

Esfuerzo correcto, Atención correcta y Concentración correcta son los factores del camino centrado en nuestras actividades internas, lo que hacemos con nuestras mentes y corazones. Esto es distinto de la atención en las actividades verbales y físicas de los tres factores anteriores: Habla correcta, Acción correcta y Modo de vida correcto. La atención y el cuidado con nuestras acciones externas nos preparan para hacer lo mismo con nuestras acciones internas, mentales. Lo que guía a este cuidado es la intención de evitar lo que causa daño y comprometerse con lo que es beneficioso.

La tradición budista llama a menudo a las actividades que causan daño ‘no hábiles’ y a aquellas que son benéficas ‘hábiles’. El uso de estos términos hace énfasis en que podemos cultivar nuestras acciones para nuestro mayor beneficio. El uso de las expresiones hábil y no hábil evita los juicios morales que implican a menudo “bueno” y “malo”, y el carácter absoluto de ‘correcto’ e ‘incorrecto’. Habilidad sugiere ‘aquello que nos puede ayudar’, lo no hábil no es de ayuda. Cuando uno camina por el Óctuple sendero, las actividades hábiles son aquellas que nos ayudan a acercarnos a la paz y a la libertad. Las que no son hábiles nos llevan en la dirección opuesta, hacia el sufrimiento y la servidumbre.

Distinguir las acciones mentales que son hábiles de las que no lo son es el corazón del Esfuerzo correcto. Aquí acciones mentales son los pensamientos, impulsos, sentimientos y estados que surgen y persisten dependiendo de nuestras intenciones y reacciones. Sólo reconociendo si son o no útiles y beneficiosas podemos sabiamente elegir qué pensamientos, impulsos, sentimientos o estados cultivar y cuáles no y dónde queremos poner nuestros esfuerzos. En la práctica del Esfuerzo correcto ejercemos esta opción para fortalecer el camino de la liberación.

El Esfuerzo correcto implica cuatro maneras diferentes de trabajar con nosotros mismos. Podemos (1) prevenir, (2) abandonar, (3) propiciar, o (4) mantener nuestros pensamientos, sentimientos y estados internos. Lejos de ser exclusivamente prácticas budistas, estas cuatro son prácticas comunes en la vida. Por ejemplo, cuando evitamos el estrés  al darnos tiempo suficiente para una actividad, practicamos “prevención”; cuando relajamos nuestra impaciencia mientras esperamos que la luz roja cambie a verde, estamos practicando una forma de “abandono”; cuando apreciamos la actitud  de un niño estamos practicando “el propiciar”, y cuando sostenemos la calma en situaciones difíciles, estamos practicando ‘sostener’.

En la práctica del Esfuerzo correcto utilizamos estos cuatro esfuerzos para proteger y mejorar la calidad de nuestra mente y corazón. La calidad de nuestra vida interior es nuestro activo más importante, lo que bien merece nuestra atención. Cuando vemos claramente que los estados mentales no hábiles disminuyen la calidad de nuestra vida interior, es natural querer prevenir que esto ocurra, o encontrar una manera de detenerlos si ya está ocurriendo. Y cuando sabemos que podemos hacer algo que va a aumentar la calidad de nuestra vida interior, es saludable hacerlo. De esta manera la calidad de nuestra vida interior se puede mejorar.

La prevención, el primero de los cuatro esfuerzos correctos, implica evitar y contener. Evitar significa no ponerse uno mismo en una situación en la que se activen los estados mentales inhábiles. Por ejemplo, si uno tiene una adicción, lo mejor es mantenerse alejado de la tentación. Si uno tiende a enojarse cuando está rodeado de gente enojada, tal vez lo mejor es evitar a estas personas. Este esfuerzo para evitar se basa en el entendimiento de que estamos mejor sin estados mentales ni comportamientos inhábiles.

Contener es la práctica de no ceder a las reacciones y deseos inhábiles. Se requiere reconocer primero los impulsos y pensamientos de ambición, mala voluntad e ignorancia cuando se presentan, y luego mantenerlos a raya para que no actuemos ni los alimentemos con más actividad mental.

Mejor que contener los estados  no hábiles es abandonarlos, el segundo de los esfuerzos correctos. A veces, esto puede ocurrir simplemente dejando ir la actividad mental. Otras veces puede ocurrir entendiendo bien que queremos abandonar. A veces, la visión clara de las condiciones que dan lugar a los estados no hábiles nos puede mostrar los apegos subyacentes para dejarlos ir.

El tercer esfuerzo correcto es propiciar estados mentales, pensamientos e intenciones hábiles. Estas son cualidades que no sólo son útiles en el camino de la liberación, sino que también son agradables en sí mismas. Particularmente útiles son los siete factores del despertar: atención plena, investigación, energía, alegría, tranquilidad, concentración y ecuanimidad. También son útiles el amor-bondadoso, la compasión y la alegría compartida (mudita en pali, appreciative joy en inglés). Algunos de estos estados surgen como consecuencia de la práctica de la meditación y algunos pueden ser cultivados a propósito con otras actividades.

Una vez que han surgido los estados hábiles, el trabajo del cuarto esfuerzo correcto es mantenerlos. Esto implica tanto reconocer cuando los estados hábiles están presentes, como aplicar el primer esfuerzo correcto de prevenir que surjan los estados no hábiles. Continuar las prácticas que dan origen a los estados hábiles es también una manera de mantenerlos.

El Esfuerzo correcto requiere prestar atención a la manera cómo lo hacemos. La clase de esfuerzo requerido varía dependiendo de las circunstancias. A veces es conveniente hacer un esfuerzo heroico, otras veces lo que se necesita es un toque muy sutil. A veces, el objetivo de nuestros esfuerzos es benéfico, pero la forma cómo nos esforzamos para lograr esta meta no lo es. Por ejemplo, se puede ser demasiado agresivo o demasiado vacilante, demasiado arrogante o demasiado duro consigo.

Nuestros esfuerzos en la práctica budista pueden ser muy gratificantes cuando el esfuerzo está libre de codicia, aversión y miedo. A veces el esfuerzo puede sentirse casi sin esfuerzo y ser satisfactorio por sí mismo. Ciertamente, puede ser fuente de inspiración  saber que los esfuerzos de uno están dedicados a recorrer el Óctuple sendero, para lograr una mayor paz y libertad en este mundo.

 

Traducción al español: grupo de estudio La Rueda del Dharma, Fundación Zen Montaña de Silencio.

El Cuarto Factor: Acción Correcta

La intención de evitar causar daño está en el corazón de todo el Óctuple sendero. De hecho, sin ella no hay Óctuple sendero. La práctica de evitar hacer daño a través de nuestras acciones físicas es la Acción correcta, el cuarto factor del sendero. Definidas, por lo general, como tres abstinencias, las tareas de la Acción correcta son evitar la muerte de cualquier ser sensible, evitar tomar algo que pertenece a los demás que no se nos ha ofrecido libremente y evitar participar en conductas sexuales inapropiadas. La práctica de estas tres moderaciones puede ser fuente de inspiración si tenemos en cuenta la seguridad y la paz que crean tanto para los demás como para el practicante. En un mundo donde muchas personas están en riesgo de sufrir daño físico, la práctica de la Acción correcta favorece la paz.

El esmero de no matar puede incluir no dañar físicamente a otros. Ésta puede haber sido la intención original del Buda, puesto que la palabra traducida como asesinato, atipata, también significa atacar y herir. La abstención de matar y herir atañe a todos los seres conscientes, a los seres que respiran, no sólo a otros seres humanos. Incluye insectos, plaga y el sacrificio de animales para la alimentación.

Evitar tomar lo que no nos es dado es un estándar más alto que simplemente no robar. Esto significa que no cogemos, ni tomamos prestado ni utilizamos nada que pertenezca a otros, a menos que nos haya sido ofrecido explícitamente. También implica que no nos quedamos con objetos en nuestro poder que por derecho le pertenecen a otros.

Abstenerse de mala conducta sexual es evitar cualquier actividad sexual con otros que pueda causar daño. Significa tener mucho cuidado de no hacer daño a nuestras parejas sexuales. También significa el respeto y la protección de todos los compromisos de pareja que se han hecho, incluidos los de los otros.

Al evitar herir a otros también evitamos hacernos daño a nosotros mismos. Mediante la práctica de La Acción correcta, somos menos propensos a tener una conciencia atormentada. Además, los otros estarán menos propensos a responder a sus heridas queriendo hacernos daño. La Acción correcta también impide que actuemos sometidos a nuestros impulsos de codicia, odio e ignorancia. Esto, a su vez, nos protege de experimentar las consecuencias negativas que provienen de actuar dominados por estas motivaciones subyacentes.

El odio es una motivación común para que surja el deseo de herir o matar, y la codicia está a menudo detrás de robar. Mientras que la mala conducta sexual puede tener una variedad de motivos, en todos ellos hay algún grado de ilusión, sobre todo la ilusión de no reconocer las consecuencias perjudiciales que pueden derivarse de ello. La codicia, el odio y la ignorancia pueden estar todos mezclados con el miedo, a veces como respuesta al miedo. La Acción correcta es una manera de ayudarnos a limitar el impacto de estas motivaciones dolorosas.

Debido a que puede ser más fácil controlar nuestras acciones que controlar nuestra mente, las tres abstinencias de La Acción correcta pueden ser una manera eficaz para prevenir que la codicia, el odio y la ignorancia puedan controlarnos. Cuando la codicia, el odio y la ignorancia son fuertes, no actuar sometido por ellos puede requerir poner en juego una fuerza equivalente para moderarlos. Pero vale la pena. La Acción Correcta mantiene estos impulsos dentro de nosotros, allí donde la atención plena puede ayudarnos a comprenderlos, resolverlos y disolverlos desde adentro sin dañar a otros o causar más daño a nosotros mismos.

Además de estas prácticas de moderación, La Acción Correcta también incluye actuar sobre las motivaciones opuestas. En lugar de la codicia, el practicante puede aprovechar su capacidad de generosidad, en vez de odio, un practicante puede cultivar el amor y el respeto por los demás, en lugar de la ignorancia, un practicante puede dedicar tiempo para prestar atención más cuidadosa a las personas y a los seres con que se encuentra.

Podemos cultivar motivaciones positivas cuando nos enfrentamos con la codicia, el odio y la ignorancia en nosotros mismos. Cuando queremos lastimar a otros, podemos a cambio considerar la situación desde la perspectiva de la compasión. El impulso de tomar lo que no nos es dado podría dar lugar a una exploración de la satisfacción. Siempre que aparece el deseo de una relación sexual es probablemente el mejor momento para preguntarse si la compasión y el respeto están presentes de manera adecuada.

Algunas personas prefieren hacer hincapié en los aspectos positivos de la Acción correcta, ya que no se inspiran con sólo evitar matar, robar o tener una mala conducta sexual. A veces las personas se sienten agobiadas por la naturaleza aparentemente restrictiva de estas enseñanzas. Sin embargo, una ventaja de la formulación negativa de estas prácticas es que a menudo es más fácil determinar qué conductas no implican causar heridas, matar, robar o tener mala conducta sexual que saber cómo ser compasivo, generoso y respetuoso.

Lo ideal sería que los aspectos negativos y positivos de la Acción correcta trabajaran juntos. Al refrenar las acciones dañinas se tiene la oportunidad de estudiar y experimentar comportamientos más significativos e inspiradores que promueven el bienestar de todos. Por ejemplo, la práctica de no – matar puede ayudarnos a cultivar un mayor aprecio por la vida, la práctica de no – robar puede ayudarnos a cultivar el respeto por los demás y la práctica de una buena conducta sexual puede ayudarnos a cultivar confianza.

Además, es importante tener en cuenta el enorme valor de mirar profundamente en las motivaciones y los sentimientos detrás de las acciones que pueden causar daños. Para los practicantes del Óctuple sendero, la Acción correcta proporciona una oportunidad para prestar una mayor atención a la causa subyacente de la conducta inhábil. De esta manera, la Acción correcta trabaja en conjunto con los dos primeros factores del sendero, Visión correcta e Intención correcta. Además, puede ser fuente de inspiración saber que la práctica del Óctuple sendero es una manera de liberar a nuestro ser de estas  “raíces” subyacentes dolorosas y potencialmente destructivas de la codicia, el odio y la ignorancia.

La Acción correcta es la base para las prácticas internas que hacen parte de los tres últimos factores del Óctuple sendero. La Acción correcta es la expresión externa de la libertad y la compasión que crecen a medida que caminamos por el sendero.

 

Traducción al español: grupo de estudio La Rueda del Dharma, Fundación Zen Montaña de Silencio.