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Cultivando la compasión

Por Gil Fronsdal

La compasión está íntimamente ligada a la práctica budista de la liberación. Puede ser la  motivación para esta práctica, así como su resultado. A medida que la libertad interior crece, aumenta la capacidad propia para la compasión; a medida que aumenta la compasión propia, al igual la importancia de la libertad. La liberación sostiene la compasión y la compasión sostiene la liberación. Ambos se benefician cuando van de la mano.

La compasión es una forma de empatía y afecto cuyo deseo es el alivio del sufrimiento de alguien. Conocida como karuna en el budismo, se refiere a esta compasión a veces como la “joya en la flor de loto.” La flor de loto simboliza el corazón o la mente que, con la práctica, se transforma en libertad, y la joya representa la compasión que aparece en el centro de esta flor. El sentimiento de la compasión sin restricciones es uno de los más bellos sentimientos que una persona puede experimentar, proporcionando un valioso significado y propósito a toda vida humana. Su presencia a veces se celebra en el budismo como una riqueza interior y como una fuente de felicidad.

Dada su importancia, el budismo no deja la manifestación de la compasión al azar. No tenemos que aceptar pasivamente cuán a menudo y qué tan fuerte la experimentamos. Al contrario, es posible desarrollar activamente nuestros sentimientos de compasión y hacer a un lado los obstáculos que los bloquean.

Debido a que las personas a veces confunden la compasión con sentimientos de aflicción, es útil distinguirlos claramente. La compasión no nos hace víctimas del sufrimiento, mientras que el afligirse por otro sí lo causa a menudo. Aprender a ver el sufrimiento en el mundo sin internalizarlo y tomarlo personalmente es muy importante; cuando lo tomamos personalmente es fácil llegar a sentirnos deprimidos o agobiados. Podemos evitar tomarlo como una carga personal u obligación si aprendemos a sentir empatía sin involucrar nuestros propios miedos, apegos y quizás penas que no hemos resuelto.

Esto significa que para sentir mayor compasión por los otros necesitamos entender nuestro propio sufrimiento. La práctica de la atención plena es una gran ayuda para esto. Con atención plena podemos ver mejor nuestro sufrimiento, sus raíces dentro de nosotros y el camino hacia la liberación del sufrimiento; podemos empezar a cultivar a la vez la ecuanimidad ante nuestro sufrimiento y la liberación del mismo.

En este sentido, es útil apreciar el gran valor de permanecer presente, abierto, y atento al sufrimiento, tanto al propio como al de los otros. A menudo necesitamos darnos tiempo a nosotros mismos para procesar eventos y experiencias difíciles y permitir que las emociones difíciles se muevan a través de nosotros. Cuando no se requiere una acción inmediata, permanecer atento al sufrimiento no requiere necesariamente mucha sabiduría ni técnicas especiales. Sobre todo se necesita paciencia y perseverancia. Una  suave atención plena de nuestro sufrimiento aumenta nuestra habilidad para sentir empatía por los problemas y los dolores de los otros. Da tiempo para entender y soltar. Mediante la práctica de liberarse de la reactividad habitual, tomamos el tiempo para ver y sentir más profundamente lo que está sucediendo. Esto permite que la empatía opere y que las respuestas más profundas surjan de nuestro interior. De esta manera, la compasión es evocada y no creada intencionalmente.

Algunas personas se muestran renuentes a cultivar activamente la compasión porque les preocupa que pueda ser poco sincera o artificiosa. Otros temen que los vuelva sentimentalmente ingenuos o que les impida ver a los demás con claridad o de manera realista— tal vez por temor a que se aprovechen de ellos si son compasivos con los demás. Ya que nuestros esfuerzos por ser compasivos pueden desviarse, vale la pena tener en cuenta estas preocupaciones. Sin embargo, ya que hay maneras sanas para aumentar nuestra compasión, las preocupaciones no tienen por qué inhibir nuestros esfuerzos para cultivar la compasión.

Una manera eficaz para desarrollar la compasión es crear aquellas condiciones que favorezcan su florecer. Es decir, en vez de forzar en nosotros mismos la compasión, nos involucramos en actividades que la promuevan naturalmente.

Un requisito para cultivar la compasión es un sentimiento de seguridad. Es más fácil sentir compasión si hay seguriadad y muy difícil si no la sentimos. Por lo tanto, para desarrollar una vida confiada y compasiva, puede ser provechoso encontrar maneras apropiadas para sentirnos seguros.Encerrándonos en nuestra casa,  puede ser que nos sintamos seguros, mas no nos lleva a acrecentar la compasión por los demás. Aprender a sentirnos seguros en medio del ajetreo de la vida es más útil. Asímismo, la práctica de la atención plena nos apoya para enfrentar a algunas de las ansiedades y ensimismamientos que nos hacen más propensos a sentirnos amenazados.

Es importante no sentirnos obligados a ser compasivos porque a menudo esto lleva a la autocrítica y a las tensiones que interfieren con el surgimiento de una compasión natural. El budismo no exige que sintamos empatía y preocupación por los demás.  Nos dice, sin embargo, que tenemos la capacidad para ser compasivos y que serlo es un maravilloso beneficio para nosotros mismos, para los otros y para la práctica de la libertad. El enfoque puede ser cómo la compasión nos enriquece en vez de cómo nos empobrece.

Algunas personas dudan en cultivar la compasión porque les preocupa tener que dar demasiado de ellos mismos mientras ayudan a los demás. O temen que tendrán que pasar tiempo con personas con las cuales se sientan incómodas. Al saber que no estamos obligados a ser compasivos, puede ser más fácil para nosotros usar nuestro mejor juicio y sentido común para entender cuándo es apropiado actuar con compasión y cuándo no.

Tener confianza en nuestra habilidad para responder al sufrimiento de los demás facilita que sintamos compasión. Si nos sentimos impotentes, demasiado incómodos o, incluso, amenazados por los problemas de los demás, la conciencia de su sufrimiento puede añadir una sensación de amenaza personal. El desarrollo de la capacidad de sentir la compasión tiene mucho que ver con el entrenamiento lento y paciente de la atención plena, la concentración y el dejar ir.

Una manera de fortalecer la compasión es entender y soltar lo que impide que surja. Por ejemplo, la tensión y el estrés limitan la compasión. Cuando estamos estresados, estamos generalmente demasiado preocupados para que la empatía pueda operar. Sin embargo, cuando estamos relajados, nuestra capacidad para la empatía aumenta. Las personas que cultivan un profundo estado de quietud a menudo encuentran que de forma espontánea, la quietud abre su corazón y aumenta la capacidad para sentir compasión y amor.

El egoísmo y el ensimismamiento también obstruyen la compasión ya que bloquean la atención y la sensibilidad necesarias para que surja la compasión. Uno de los beneficios de dejar ir el egoísmo es que la compasión surge más fácilmente.

También podemos incrementar la cantidad de compasión que sentimos en nuestra vida estableciendo la intención de hacerlo. Esto puede ser muy específico, como la intención de ser compasivo en una situación particular o hacia una persona en particular —o puede ser más general, como la intención de ser compasivo este día o esta semana. Cuando conscientemente establecemos esta intención, es más probable que recordemos y que pensemos en términos compasivos. También nos daremos cuenta de pensamientos compasivos e impulsos que surgen, los cuales podrían ser eclipsados por otros deseos y preocupaciones.

Valorar la compasión cuando aparece también puede fortalecerla y facilitar que surja en el futuro. Podríamos considerar y apreciar los beneficios que puede aportar a otros y a nosotros mismos. Conocer los beneficios puede ofrecer una sensación de felicidad que a su vez hace la compasión más atrayente. La compasión puede ser más atrayente cuando hemos visto cómo puede ser una fuente de felicidad y cómo puede estar íntimamente relacionada con nuestra libertad interior. La compasión por los demás puede ser un alivio cuando hemos pasado demasiado tiempo ensimismados.

Otra condición favorable es reflexionar deliberadamente sobre la compasión, tal vez estimulado por la lectura y el hablar regularmente con otros acerca de ella. Lo que pensamos habitualmente se convierte en una inclinación. Si pensamos sobre el amor, la bondad y el cuidado por los demás con frecuencia, es probable que surjan más a menudo pensamientos relacionados con la compasión.

Pasar tiempo con personas que son compasivas también nos puede ayudar. Las personas que vemos con frecuencia, a menudo tienen una influencia sobre nosotros. Ver la compasión en los demás puede alentarla en nosotros mismos.

Por último, comprender que la compasión es una expresión de amor nos ayuda a reconocer el tesoro que realmente es. Cuando surge de una libertad interior entonces se conecta a otras hermosas cualidades de nuestro corazón. Puede aparecer junto con el bienestar, la calma, la claridad y la paz.

De hecho, hay mucho que podemos hacer para cultivar la compasión como un aspecto más central de nuestra vida. A medida que crece la compasión, nuestro ensimismamiento y apego disminuyen, y la liberación se hace más fácil. A medida que nos liberamos, la compasión nos es más accesible. Permitir que la compasión y la liberación se apoyen mutuamente es una de las maneras más bellas de entrenarnos para recorrer el sendero budista. Puede ser nuestro regalo para el mundo.